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Desde el huerto del Edén
vemos que el hombre fue creado para vivir en relación con Su
Creador y la presencia de Dios era la gloria del hombre.
Al
momento de crear los animales terrestres, Dios le da la órden
a la tierra para que éstos sean creados, luego la da al cielo para
que produzca las aves y para la creación de los peces le habla al
mar. Pero en cambio al hombre lo forma con sus propias manos.
Ninguna especie animal puede
vivir fuera de su hábitat natural, según donde haya sido creado.
Así tampoco el hombre puede vivir fuera de la presencia de Dios.
La tragedia de la humanidad
no fueron tanto los cardos y espinos, las maldiciones o los dolores
sino perder la presencia de Dios.
Dios planeó la redención
del hombre a fin de que éste pueda volver a estar en su presencia.
Para eso llama a un pueblo
del cual vendría el Salvador. Ese pueblo era Israel, el cual fue
salvado por Dios para ser instrumento de redención a todo el mundo.
Israel tuvo el privilegio de
ser portador y testigo de la gloria de Dios.
La desgracia de Israel en los
primeros capítulos de 1ª de Samuel no fue sólo la muerte de Elí
y sus hijos, sino perder el arca, que simbolizaba la presencia de
Dios.
La esposa de uno de los hijos
de Elí llama a su hijo "Icabod", que significa "sin
gloria". Esta mujer sabía bien que la gloria de Israel era la
presencia de Dios entre ellos y exclamó "traspasada es la
gloria de Israel".
El templo y la ciudad de
Jerusalén también simbolizaban la presencia y protección de Dios
sobre su pueblo. Por eso es que cuando los babilonios destruyen el
templo y la ciudad, Israel entiende que una vez mas había perdido
su gloria, la presencia de Dios.
Al
pueblo del nuevo pacto puede sucederle lo mismo.
Como pueblo de Dios bajo el
nuevo pacto, vemos aun mas claramente que nuestra posesión es el
Espíritu Santo, como las arras de nuestra herencia. Administramos
las cosas del Espíritu y ya no servimos a la sombra de cosas
venideras sino que tenemos en nuestro interior la sustancia misma de
las cosas celestiales.
Por eso mucho mas debemos
cuidar de no perder la presencia de Dios , y de perder el enfoque en
ella.
En el pasaje de Ap. 3.20 que
siempre usamos para
hablar al inconverso, el Espíritu Santo revela una verdad crucial.
Jesús dice "yo estoy a la puerta y llamo". Esto quiere
decir que no estaba adentro. Aquí no estaba refiriéndose al templo
físico sino al templo espiritual, que eran los mismos creyentes
laodiceanos. Jesús decía que ya no moraba en medio de esa
congregación, por eso estaba "a la puerta".
En el libro de Ex. cap 32
cuando Moisés baja del monte y ve la danza ante el becerro de oro,
dice la Escritura que se quedó "a la puerta" y desde ese
lugar llama al pueblo. ¿Coincidencia?. De ninguna manera, esa frase
fue escrita bien adrede para advertirnos que cualquier esfuerzo
humano o activismo con un espíritu indiferente a su presencia, lo
deja afuera, a la puerta.
En Ex. 33 dice que Dios
enviaría al ángel delante y que ellos entrarían a la tierra, pero
su presencia no iría en medio.
Entonces Moisés,el hombre al
que Dios notifica sus caminos (Sal. 103.7) llegó a decirle a Dios
"si tu presencia no va conmigo, no nos saques de aquí",
lo dijo porque sabía que la verdadera herencia y gloria de Israel
era la presencia de Dios entre ellos. Entrar a la tierra prometida
sin ella , sería el fracaso del propósito y deseo de Dios.
Mientras preparaba esta
parte, una profunda tristeza de parte de Dios me inundó. El Señor
me hacía ver que hoy muchos se conforman con que vaya el ángel y
con poseer la tierra. Sentía que Dios decía "no les interesa
que yo vaya con ellos, sólo les interesan sus logros
personales".
Es preferible no movernos de un lugar si Dios no se mueve, y viceversa. Su
presencia es nuestra verdadera herencia como hijos de Dios.
Entonces, ¿Cual es el sentido de entrar a poseer algo si Dios no
viene?.
El
deseo y propósito de Dios es volver a morar entre los hombres
El pecado hizo una separación
entre Dios y los hombres desde el principio. Por eso es que, si
vemos en toda la historia de la redención, se ve claramente que lo
que Dios deseaba restaurar no era sólo la prosperidad y la bendición
ni tampoco hacer de nuestra estancia en la tierra un viaje de placer
sino, lo que afanosamente Dios buscaba restaurar era el poder
habitar entre nosotros y que nosotros podamos estar en su presencia.
Y esto no se refiere sólo a
su pueblo sino a toda la tierra. El espíritu religioso nos hace
creer que la presencia de Dios es sólo para nosotros dentro de las
cuatro paredes, pero Cristo desea ser "el tabernáculo de Dios
con los hombres" (Ap. 21.3).
Por eso es que tenemos que ir
hacia las gentes a hacerles saber que Dios desea vivir en ellos y
entre ellos. Jesús mira las multitudes de almas y desea
ardientemente restaurarlos a su comunión, a que todos sean parte de
su pueblo del pacto.
Como
los valientes de David
El ardiente anhelo de Dios es
que todo hombre pueda estar en su presencia. Para eso ha pagado con
su vida. Para eso envió vez tras vez hombres y mujeres de todas las
épocas, de los cuales muchos dieron su vida por esta causa: rogar
al mundo que se reconcilie con Dios para que él pueda hacer morada
entre ellos y en ellos. (2 Co. 5.18-20)
Tenemos que ser como los
valientes de David. Estos hombres conocieron el anhelo de su rey y
arriesgaron su vida por cumplirlo. (2 Sam. 23. 15-16) David
prefiguraba a Jesucristo. Los que servían a David, en un sentido,
representan a los que servimos a Cristo. Si esos hombres arriesgaron
su cabeza por satisfacer a una figura. ¿Cuánto mas nosotros, que
servimos al verdadero Cristo y que conocemos su anhelo, no nos
debemos jugar por completo para complacerlo?.
Por eso queremos desde
Reidelij desafiar a cada líder, pastor juvenil, y ministerios
juveniles a restaurar su vida y ministerio en torno a la presencia
de Dios con una pasión renovada. A que en cada reunión o evento
juvenil que se organice la presencia de Dios se haga manifiesta a
cada asistente y llegue a ser el centro de sus vidas. Y al decir
esto, no me estoy refiriendo solamente a manifestaciones como caer,
llorar, temblar, etc. Cosas que de verdad si suceden cuando el Señor
nos permite palpar su Gloria, pero me refiero también a una
experiencia de vida en torno a la presencia de Dios las 24 hs. Vas a
notar un cambio radical en tu grupo.
Al fin y al cabo, no es una
opción. Es nuestro llamado. Estar en su presencia, que el esté en
nosotros y entre nosotros y que traigamos nuestra generación a su
presencia, la cual es la gran herencia de su pueblo.
Dios
te bendiga
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